La Voz del Desierto, curas rockeros por la gracia de Dios

-Vente a vernos ensayar. El domingo entre las nueve y las once tocamos…-¿Las nueve de la mañana?-No, mujer, el domingo por la mañana tenemos misa. Ensayamos por la noche… Eso es lo que tiene quedar con unos curas rockeros: que los domingos tienen que oficiar misa. Y el resto de días andan liados entre catequesis, cursillos prematrimoniales, grupos de oración, ejercicios espirituales, bautismos, comuniones… Con todos ustedes La Voz del Desierto, un grupo español formado por tres sacerdotes y cuatro laicos que cantan a mayor gloria de Dios, que pretenden evangelizar a ritmo de pop y rock (con algunos devaneos heavy metal), que tocan temas con títulos reveladores como Misericordia eterna o La llamada, que ya suman cinco discos a sus espaldas y que acaban de fichar con el gigante Universal, la misma discográfica que representa a grupos tan poco piadosos como Metallica o Lady Gaga.

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Los encontramos en el estudio de grabación Santa Rosa, en la localidad madrileña de Alcalá de Henares. Allí, con la ayuda como productor de Santi Fernández -batería de Los Secretos- están ultimando el disco que verá la luz el año que viene, ya con el sello de Universal. El trabajo aún no tiene título, pero uno de los temas que incluirá se llama Bienvenido, hijo de Dios, es muy popero y pegadizo y está prácticamente listo: solo le faltan las mezclas.

El padre Alberto Raposo, de 44 años, ojos claros y decididamente guaperas, se ajusta el alzacuellos que lleva desde que hace 15 años fuera ordenado sacerdote. Después se cuelga la guitarra eléctrica y comienza a rasgar los primeros acordes de Hasta el final. “Tu rostro buscaré / Tu llamada seguiré / y no pienso renunciar / a vivir en libertad”, reza el estribillo. En la cinta de su guitarra, en vez de una calavera o de otros símbolos tradicionales del género, luce una cruz, una estampita de Jesucristo y un cáliz. “Publicidad corporativa”, reconoce con ironía. Tampoco va vestido de cuero, sino con el típico uniforme de clergyman.

Pero, aunque rock y religión son dos palabras que en principio casan bastante mal, los chicos de La Voz del Desierto no se pueden quejar. A pesar de su distribución absolutamente casera, los cuatro discos que hasta ahora han sacado -y a los que desde hace unos días se suma un recopilatorio con sus 16 temas más sonados- han vendido la nada despreciable cifra de unos 10.000 ejemplares. En Facebook cuentan con 11.000 seguidores. Y los vídeos de sus dos canciones estrella -La llamada y Mi fortaleza- ha superado cada uno las 100.000 visitas en Youtube. En el vídeo de La llamada, que tiene algo de homenaje a los Beatles, se les ve tocando en una azotea que recuerda,obviamente, a la de Abbey Road: en realidad es el tejado de un seminario.

En noviembre pasado dieron cuatro conciertos en Dallas y aquello fue inolvidable. Hasta el punto de que el año que viene harán una gran gira por Estados Unidos (Nueva York, Dallas, Nueva Orleans…) y países de América Latina como Guatemala, Honduras o Perú.

“La clave de nuestro éxito es que en el grupo hay curas, así de sencillo. La gente flipa con unos sacerdotes que dan misa, que luego se suben al escenario a tocar y que después del concierto confiesan. No veas las colas que se formaban en Dallas después de nuestras actuaciones. Gente que quería confesar… Por no hablar de un señor que compró dos de nuestros cedés y, a modo de donación, dejó un sobre con 400 dólares dentro ‘para los padrecitos'”, confiesa Pedro, de 54 años, el teclista del grupo desde hace tres años y uno de los cuatro laicos que integran la formación. “Soy laico, sí, pero me siento muy comprometido con la Iglesia”, precisa. Antes estaba en otro grupo pop/religioso llamado Getsemaní. “Un grupo con mucha marcha, pero no tan heavy como La Voz del Desierto”.

La Voz del Desierto -nombre de resonancias bíblicas, y quien quiera que busque en Mateo 3:3- nació en octubre de 2003, cuando el padre Alberto, que prestaba servicio como formador de curas, se encontró en un seminario con Curri y Julio, dos aspirantes a sacerdotes que hoy en día ya son párrocos. Los tres compartían su interés por el pop y el rock y juntos decidieron formar un grupo con el objetivo claro y preciso de utilizar la música como vehículo evangelizador.

“La música es un lenguaje universal, y sirve para transmitir la palabra de Dios. Si no creyéramos que es así, ya habríamos dejado el grupo. Hacemos esto porque vemos que es útil para extender el mensaje del Evangelio, porque nos permite llegar a gente que de otro modo nos resultaría difícil alcanzar (en particular a los jóvenes), porque vemos que hace un bien y porque además nos gusta. Pero la satisfacción personal es absolutamente secundaria”, señala este sacerdote, párroco en la localidad madrileña de Arganda del Rey. “Yo soy sacerdote 24 horas al día: cuando hago catequesis, cuando doy misa, cuando estoy con un grupo de preparación al matrimonio… y también cuando toco la guitarra con mi banda”, sentencia.

Muchos de los textos de sus canciones están directamente sacados de la Biblia. “Otros son fruto de una experiencia de oración, de momentos de encuentro con el Señor”, subraya Alberto.

Han tocado en fiestas de pueblos como Estremera o Brea de Tajo, en sustitución de la típica orquesta de baile. Han dado conciertos en la plaza mayor de Arganda, en las muy castizas fiestas de San Isidro, en las del barrio madrileño de La Latina… Cuando actúan, todas las canciones van precedidas de una pequeña homilía para poner a los asistentes sobre la pista de lo que van a escuchar. Aviso: la introducción, con mucha frecuencia, dura más que la propia canción.

Los sectores más conservadores y tradicionalistas de la Iglesia arrugan la nariz ante este grupo de sacerdotes que lo mismo se suben al púlpito que hacen rock bajo el nombre de La Voz del Desierto. A algunos, les parece directamente una especie de sacrilegio. Pero ellos tienen la conciencia muy tranquila. “Cuando el Papa Francisco salió pidiendo que se hiciera ruido en las parroquias, se refería exactamente a esto”, opina Fernando.

Los curas rockeros han llegado a Universal de la mano de Fernando Salaverri, ex subdirector de los 40 principales en la década de los 80, uno de los pesos pesados de la música española desde hace años y en la actualidad presidente de discográfica Viva La Fe. “Salaverri quiere reactivar la música católica en España, y a través de él hemos firmado con Universal”, nos explica Alberto. Los artistas de Viva La Fe, de cuya nómina ahora forma parte La Voz del Desierto, son distribuidos mundialmente por Universal Music Group. Eso significa que tanto el recopilatorio que acaba de sacar el grupo de curas como el nuevo álbum que saldrá el año que viene se podrán encontrar en grandes superficies y tendrán una distribución a lo grande. “Para nosotros es una gran oportunidad. Nuestra esperanza es poder llevar la palabra de Dios al mayor número posible de gente”.

-¿Tenéis groupies?

-Groupies no, no tenemos. Y club oficial de fans, tampoco. Pero sí contamos con seguidores muy fieles.

Entrevista en el periódico El Mundo.

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